martes, 14 de julio de 2009

Crimen y delito

Disparar a todo aquel privado de libertad que intente escapar de las cárceles, esa fue la orden del señor ministro, no debe haber clemencia con los criminales, grita una sociedad que vive sumergida en el temor, pues atracos, sicariato, secuestros, asesinatos, balaceras, son el pan nuestro de cada día.

Con la opinión pública en este punto, fácilmente la próxima orden gubernamental podría ser poner un paredón a lo interno de las cárceles, para ver si así se reduce el hacinamiento miserable existente en esos mal llamados centros de rehabilitación.

Cadenas perpetuas, ejecuciones, salas de tortura y todo lo que sea necesario para “acabar con la delincuencia”, podrían tomarse los barrios con espectaculares operativos policiales, al estilo de la Mano Dura de Moscoso.

Es necesario cuestionar, ante esta sociedad que clama justicia por la sangre de los inocentes, pidiendo casi unánimemente a cambio la sangre de los delincuentes -culpables y presuntos-, ¿estás medidas van dirigidas a castigar a todos los criminales? ¿Cuál es el estrato social de los que superpueblan las cárceles? Adelantándome a la respuesta de esta última pregunta, siendo los pobres la gran mayoría de los presos, ¿será que los ricos no delinquen?

Crimen y delito son conceptos distintos. Podríamos decir que crimen es el concepto general, entendido como la conducta que atenta contra la sociedad, individuos o sectores de ella; mientras que delito, es la conducta criminal que está tipificada dentro de la ley penal de un Estado.

Partiendo de esta idea, podemos deducir que hay conductas criminales que no son delitos, por lo tanto es oportuno preguntarse, ¿Quiénes deciden qué es delito y qué no? ¿Cuál es la posición de clase de los que deciden esto?

Las clases dominantes difunden la idea de que aquel que delinque lo hace porque quiere, por simple voluntad, desconociendo que el entorno social condiciona muchas conductas del individuo. Eso explica porque los niños bien, de los barrios bien, jamás tocarán una prisión, ni serán sometidos a lo tortuoso de un proceso penal.

Ya dirán los detractores de esta idea, que de los barrios populares sale mucha gente buena y eso es cierto, pero eso no cambia el denominador común, la relación estrecha que hay entre exclusión social y delincuencia.

Estados Unidos tiene dentro de su sistema legal penas severas para los delincuentes, que van desde la cadena perpetua hasta la pena de muerte, pero su población penitenciaria es la más grande del mundo y los índices delincuenciales permanecen altos. Sólo un ejemplo.

La inseguridad pública es un asunto de todos, pero la sola represión no es la solución, porque esta sólo ataca los efectos, jamás se asoma a la raíz del problema, que nace en la criminal injusticia social que azota al pueblo trabajador.

-LCR

4 comentarios:

Ninfita dijo...

Yo creo que uno tiene que ser responsable con las cosas que dice y escribe. En realidad no sè si las demàs personas ven noticias, pero yo sì. Y no me digas que los medios de prensa desinforman, porque es de la tv que sacaste esta info incompleta ya que dificulto mucho que estuvieras presente.

Asì mismo como se dijo dispàrele al reo que intenta escaparse (orden dirigida a los custodios quienes son la autoridad en los centros penitenciarios con armas guindando a los lados y no para adorno); asì mismo se dijo que, las càrceles en Panamá son las puertas del infierno. Hablò en ese mismo reportaje del hacinamiento, la salubridad, entre otras cosas. Se notò preocupado (no sè si hipócritamente, allá cada quien con su conciencia) por las condiciones miserables en que se encuentran esas personas. Y encontrò razonable que se quieran escapar po rlo cual manifestò son urgentes las mejoras y reparaciones.

Lo que quiero decir es que, por el hecho de no ser simpatizantes de ciertas formas de actuar, ciertos polìticos, uno no puede decir verdades a medias que señalen a una persona como injusta, criminal o ago parecido. Pero esa es solo mi opiniòn.

YO creo que el que està preso es porque algùn delito cometiò Y saldrà de la càrcel cuando se cumplan sus años, no cuando le dè la gana de irse. Si le van a disparar, la lògica me dice que serà a una pierna que lo tumbe. No a la cabeza que lo mate.

Independientemente si està preso por asesino, por robar, por hurtar, por violar ... su balazo por tiràrselas de vivo le daràn. Y es mejor asì, a que el màs àgil y el màs atlètico puede huir de su responsabilidad y el cojo y el mocho se queden hacièndole porras mientras huye.

Los màs ofendidos son las vìctimas y la sociedad, por lo tanto se les debe hacer sentir un poco de confianza en el sistema. A menos por supuetso que propongas que el guardia mientras corretea al maliante le pregunte para dònde và y màs tarde lo pase a recoger.

Y lo de que los ricos son delincuentes, estamos de acuerdo. Muchos creeràn que el cambio se està imponiendo. Otros diràn que por fin alguien tiene los cojones de hacer lo que se està haciendo. Pero los que no votamos por Martinelli y aùn asì, estamos felices de que le vuelen mazo a las instalaciones brujas de Amador y que Figali no se atreva a regresar; estamos en trance.

Saludos.

Ninfita dijo...

Està por implantarse el sistema acusatorio. Ahora serà casi imposible (en teorìa) violar los derechos del presunto delincuente. Te comerà el Juez de garantìas antes de que el Fiscal se pueda creer vencedor.

Lo que no sè es si entre los derechos del privado de libertad estàn el de poder escaparse. O si el tongo tiene punterìa y a què distancia? Hay que investigar eso!!

Si este fuera un paìs con plata (hablando no hipotèticamente sino de forma patètica), las cercas estarìan electrificadas. Pero como èste es un paìs de bajo presupuesto, lo màs inteligente serìa hacer las càrceles sin barrotes ni cercas para evitar que el reo "intente escapar" y pueda simplemente, escapar.

LCR dijo...

Escribir es una gran responsabilidad y así he tratado de asumirlo siempre, no sólo en este último escrito, sino a través de todos los que podrán encontrar en este blog.
Durante el recorrido por la penitenciaria, su excelencia ministerial dio varias entrevistas, pues como recordarás, iba rodeado de un sequito de periodistas los cuales con la voracidad habitual tomaron cada una de sus palabras.
En la primera de sus declaraciones, antes de entrar al penal, hablo de la “autorización para disparar”, en la segunda declaración ya dentro, hablo de las pésimas condiciones y la mala alimentación; y en la tercera declaración hablo de lo que ya se mencionó con tanta claridad, sobre “las puertas del infierno”.
Nuestra elevada y muy objetiva prensa nacional no titulo al día siguiente nada que ver con las condiciones objetivas del reclusorio, sino que se enfoco en la atinada orden de disparar a los reos en fuga. Creo que lo hicieron, porque saben que de las tres declaraciones, es la que se puede tomar en serio y no hay que ser un genio para reconocerlo, pues si en un país muchas escuelas y casi todos los hospitales son una vergüenza, entonces no se qué criterio serio puede hacernos creer que las cárceles estarán mejor.
Sin ser un especialista en la materia, sólo usando una cosa muy rara en esta sociedad que es el sentido común, analizó la autorización de su excelencia ministerial. Imaginemos por un momento, a un grupo de reos escapando, corriendo en fuga de un penal y que en esa carrera son sorprendidos por los gendarmes.
Ya que logramos visualizar esa imagen en nuestra mente, podemos deducir que el vigilante tiene al recluso evadido al alcance de la vista, ¿por qué en vez de darle captura como se ha hecho hasta ahora, es necesario dispararle? Allí salta el alumno más adelantado de la clase y dice: “¿qué pasa si el reo o los reos en fuga atentan contra la vida de la unidad policial que intenta capturarlos?” Bueno, en ese caso la propia ley autoriza al policía o unidad de custodia penal la utilización de su arma de reglamento, eso nos quiere decir, que la autorización de su excelencia ministerial, nada tiene que ver con el supuesto de una situación que ponga en riesgo al agente de la autoridad, sino que se refiere al caso que ya enuncie antes, en el cual el reo está de espaldas a la unidad armada, en carrera, evadiendo el penal.
Vuelvo y pregunto, utilizando el tan absurdo sentido común, ¿por qué no lo persigue y lo captura? Y si se presenta una situación de riesgo para su vida en medio de la persecución, entonces la ley le autoriza ya, sin necesidad de la sabiduría del ministro, la utilización de su arma.

LCR dijo...

Hechos ciertos e irrebatibles:
PRIMERO: vivimos en una sociedad dividida en clases. ¿O acaso todos somos iguales? Ni siquiera ante la ley, como dice la teoría liberal.
SEGUNDO: esa división en clases se da en la relación que tienen los individuos frente a los medios de producción, es decir, si eres propietario de ellos se es capitalista, si se carece de ellos se vende la fuerza de trabajo para sobrevivir.
TERCERO: en esta sociedad dividida en clases, hay dos clases principales, una se constituye en clase dominante y la otra en dominada, la primera a través del posesión de los medios de producción (control económico), también asume la dirección del Estado (control político) y a través de los medios de comunicación comercial –que si se mira con otro poquito de sentido común se podrá notar que en su estructura no son más que empresas-, la educación oficial y privada, y las jerarquías eclesiales, busca garantizar la reproducción de las condiciones subjetivas, que hacen creer a los oprimidos que viven en el mejor de los mundos posibles. Eso va mucho más allá de quien por voto quien en el pasado circo electoral, donde la opción a, b ó c, conducían al mismo circo, sólo que con distinto payaso.
CUARTO: las clases dominantes, al tener el control del Estado, incluido el poder legislativo, hacen las leyes a su imagen y semejanza, lo cual conduce directa o indirectamente, a la criminalización de la pobreza. Eso lo vemos reflejado en la política criminal que hemos tenido en nuestra historia y que sintetizo con agudeza proverbial su excelencia ministerial en la visita el penal. Ese es el tema central del artículo “Crimen y delito”, del cual asumo toda responsabilidad ante los compañeros, compañeras y curiosos que tienen la paciencia de leerme.